domingo, 22 de marzo de 2009

Los maravillosos personajes de Gulliver.

¿Crees en los viernes trece?
Yo no se si hacerlo, y es que nunca me pasa nada malo (nada fuera de lo normal), tampoco quiero que me pase nada, pero de verdad ¿es posible?.

Mi pasado viernes trece (por que ha habido dos este año, uno en febrero y otro en marzo, ¡Dos seguidos! ¿Lo noto alguien?) fue inusual: Salí de la escuela, planee que hacer con mis amigos, muy raro en ellos nadie quería ir a beber, así que fuimos por una pizza; Y no cualquier pizza, hablo de las "Pepperonnis (se escribe así?, Mejor con doble "p" y doble "n" para darle un aspecto italiano a mi ortografía) Pizza". Generalmente cuando prendo la televisión y me topo con un anuncio de pizza, uno de esos que nos presenta un pizza suculenta, bañada en queso, el cual se desborda por las esquinas formando enormes redes amarillas de sabor agridulce; Y no lo creo posible, digo: "Eso sólo en los anuncios". En Pepperonnis Pizza me encontre con un pizza de esas, ese día aprendí algo nuevo; sin embargo las sorpresas aún no habían terminado.

Para cuando salimos, con la barriga llena, el corazón contento, la mirada cansada, y un sueño demandante, sólo queríamos llegar a sentarnos a otro lugar (casi casi para variar) para conversar un poco. En el camino nos encontramos con un personaje peculiar, salido de una de las aventuras de Gulliver, a quien pusimos por pseudónimo: El pigmeo. Este hombre tiene (por que se que no ha muerto) un carácter bipolar, está vestido con un pantalón de vestir de color café bastante gastado, un camisa blanca muy percudida, y unas botas obreras que dan la pinta de zapatos; Además tiene un peinado que lo asemeja al mini-me de Hitler, junto con su bigotito, en fin, todos los accesorios de un hombre raro y peculiar; Que no obstante, si me lo llegara a encontrar en el metro, y no en una calle vacía como me llegó a suceder esa vez, no lo distinguiría, pues se ve jodido, de cuerpo, de mente y alma (como todos nosotros...).

El pigmeo se nos acerco con una humildad asfixiante, y nos dio el siguiente discurso: "Hola chavos, no me harían el favor de regalarme una moneda...", como sabría que nuestra respuesto sería "no traemos señor" él ya venía preparado; "Andele, miren, yo tengo mi casa, tengo familia, y por demás de todo también tengo un enfermo (no aclaró si era humano), y necesito para sus medicinas. Miren (a continuación nos enseña una bolsa llena de esponjas y otros utensilios, que de verdad no alcance a distinguir), yo salgo a tocar de puerta en puerta para lavar carros, y no he lavado ninguno, y me van a quitar mi casa, a las siete ya me la quitan (para esto ya eran como eso de las seis de la tarde), tengo que pagar un abogado para que no me la quiten, me van a quitar mi casa-decía casi al borde de las lagrimas, las cuales parecían más de cocodrilo que de cachorro dolido-andelen...".

A esas alturas note que uno de mis amigos, Rubén, contenía su risa; fue cuando recorde que hace mucho tiempo me había dicho que en temporada decembrina se había encontrado con un "pigmeo", quien lo había malvibrado de una manera bastante infame con no se que cuento. Y pense: "¿Será este sujeto?".

A estas alturas pensarán que soy bastante cruel, y es cierto, no están más equivocados. Es sólo que mi compasión es bastante limitada, o por lo menos imperceptible, para con los mentirosos que dedican su vida a arrojar lagrimas de cocodrilo sobre aquellas gentes que tragan sus falacias como si se tratasen de una rica pizza bañada en queso derretido.

No hay comentarios: