miércoles, 29 de abril de 2009

El verdadero hombre de acción...

La invisible e hiriente incertidumbre llenaba de sudor frío el rostro de Emilio,quien dirigía una mirada intermitente hacia lugares vacíos con esquinas apretujadas y espacios impenetrables. Sus púpilas estaban increíblemente dilatadas y soltaban a ratos lagrimas silenciosas de orgullo reprimido y honor hecho mierda; las ventosas nasales repetían a intervalos de medio minuto el sonido del flujo mucoso que deseaba salir de su cueva; la garganta se movía de arriba a abajo tragando interminables hilos de saliva hacia los pulmones y el estomago, constantemente Emilio se ahogaba, pero no soltaba ni una palabra, ni un quejido, ni un susurro, ni un gruñido. Su boca era un espectáculo de muecas, y movimientos reprimidos por su ya escaso orgullo, que hacían una desperfecta sincronización de movimientos junto con su nariz que iba de un lado a otro evitando que los mocos se derramaran con libertad y llegaran hasta la comisura de sus labios inconformes. Sus manos dejaban ver la fuerza que aun tenía acumulada por el coraje y la ira, las venas resaltaban por encima de su piel; con el puño bien cerrado sus uñas se estrechaban con fuerza hacia las palmas, los pulgares retenían con fuerza los dedos índice y medio, y llevaba esos reprimidos puños constantemente a su rostro para enjuagarse las inocentes lagrimas. Sus piernas hacían un movimiento arítmico formando un juego asincronizado de desesperación y ansia; Y yo...

Yo únicamente miraba atónito a mi amigo, pobre-me dije-qué tendrá, sin poder ofrecerle algunas palabras consuelo ante su pérdida, palmeaba su espalda a ratos mientras hechaba una que otra mirada a su Action man Paracaídas hecho pedasitos en suelo, que había arriesgado su útil vida de plástico por la sonrisa de un infante después de una espectácular caída libre de 10 metros de altura.

Preocupaciones de niño, donde no entra ni por asomo la figura de una mujer.

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