Ya estoy un poco harto de las noticias, siempre apocalípticas, alarmantes, que insitan a la población a EXTREMAR sus precauciones, que no se hable más del asunto en este bloggissimo.
Extraño mucho las cosas materiales como la convivencia de unos tragos con los amigos, la platica amena con unos tragos en la mano, extraño el suave sonido de mi guitarra, extraño el temblar de sus cuerdas, extraño el sonido bajo del vació de su boca, la sencillez de su figura, y la simpleza de su expresar. Extraño interpretar una canción en el suave deslizar de mis uñas por el fino sonido de mi delicada dama, ella está antes que nadie, existía antes de que yo existiera, me rebasa en edad, es una anciana, madame. Mi mano derecha sube y baja, como la marea la marea, la golpea en ocasiones para formar un sonido sordo que detenga por completo su parlar, es entonces cuando puedes tacharme de machista e insensible, pero la quiero tu querido amig@ no estás ni cerca de este sentimiento. Mi mano izquierda más delicada, más torpe, pisa sus finas cuerdas, es portadora del mensaje, yo controlo, madame, tus mensajes, expreso lo que quiero que expreses, mi mano izquierda tanto más torpe para la caligrafía humana es más habilidosa para la musicografía con la que hablas. Pero no te controlo, no madame, yo soy tu siervo, interpreto tu mensaje, soy un instrumento en todo caso.
Que irrisorio dependejo (dependo) de mi madame.
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