Esa tarde lluviosa, tediosa y graciosa pasaba una hermosa mujer que ostentaba con simpleza, y un desdén ciertamente vacilante, una hermosa cabellera color castaño. Tuve miedo, pero me acerque, ya frente a frente le invite un chocolate caliente, suave y comodina ella aceptó. Le hable de mi vida, me hablo de la suya, me explico diversas teorías tratantes del existencialismo empírico, experiencias humanas vívidas y vividas por otras personas; hablamos de amor, desamor, confianza y venganza a traición; convenimos en que la traicionaría el día en que dejara de amarme en secreto, y que ella por su parte huiría de mi furia incontenible por hacer público mi amor por ella.
Unos meses más tarde pasó de nuevo por debajo de mi balcón, irrespetuosa su finura femenina me chifló esperando que me asomase, decidí no hacerlo, decidí dejarla esperar bajo el calor sobrino del sol, hermano íntimo de Tierra de Fuego; para cuando baje, mi orgullo la había ahuyentado.
Tres años seguidos mi oído estuvo agudo a los diferentes sonidos callejeros, hasta que un día perdí la noción de los sonidos, decidí dejar de escuchar, sin dejar de esperar a que el chiflido me rescatara de la sordidez. Cuatro años 14 meses 33 días y 4 horas pasaron para que volviera a verte, no hablamos, no escuchamos, sólo nos miramos.
Un día caluroso, ingrato por la lluvia que Tlaloc nos había ofrecido por la noche anterior me pregunte, que habra sido de ti; entonces recorde...tal vez debí invitarte al cine, en vez de un chocolate caliente.
1 comentario:
Ay wey!!!! te amo ;)
jojojo
Publicar un comentario