¿Cuánta poca o mucha elocuencia puede haber entre una persona que no puede mover la lengua y otra que dificilmente le escucha?
Que asqueado me sentí ese día. Estaba yo en una fiesta bastante animado hasta que una belladonna-omitamos el calificativo-me pidió amablemente que la escoltara hasta su chante; yo acepte, no sé por qué razón quizá por una de honor, igual tuve que dejar de beber, pues manejar borracho no es uno de mis dones.
Ya llegando a su cantón, ella me dijo muchas cosas, eso sí todas confusas para mi intelecto de caballero despistado, así que no las escribiré. Fuimos pues de nuevo a otra fiesta, yo manejando y comprometiendome de nuevo-again-en un relación vasallatica: "¿Me llevas de vuelta a mi casa?"
-Simón, por mi no hay pedo-pendejo yo.
Llegando a la fiesta, ví que todo mundo disfrutaba de su bacanal personal, yo me había dispuesto a no probar ni una gota del preciado licor mareador hecho especialmente para los de sangre real; y he aqui todo el desmadre: Se me acerca uno de mis allegados, y me dice "¿Cómo andamos mi sho?"
-Chingón, nomás que sin beber (grave error).
Acto seguido, el pendejo este se va a preguntarle al otro pendejo de al lado lo mismito "¿Como andamos ca'on?" y el oyente responde "A toda madre, bien pedo y tu?", la respuesta es interesante "También...". Luego lo que hacen es empezar a entonar la canción que se esta tocando en algún lugar. Termina la conversación.
Quizá por eso he dejado de tomar...me defraudan los pendejos.
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