5 de enero...Importa poco si es una tradición católica, u otra basada en mentiras, eso importa poco a los niños...eso nos importaba poco cuando chilpayates...Que si Dios existía o no, que si la Biblia era un libro lleno de creencias...eso poco importaba...y poco debería importar ahora...
Confieso que de niño si llegue a creer con un fervor bastante idiota en los tres Santos Reyes, yo estaba muy satisfecho con tener regalos y ya, poco me inquietaba si existían o no, quienes eran en realidad o cómo es que traían los juguetes. Como decía, me conformaba con ver los juguetes al otro día en la sala. Mi fervor era tal que incluso llegue a pensar que era un día mágico, en donde el robo y el asalto no tenían lugar, llegue incluso a pensar que podía sacrificar mi anual pedido de juguetes por la paz mundial, e incluso llegue a escuchar por la madrugada, entre sudores nerviosos en el calor de la fiebre insómica, las pisadas pesadas y descuidadas de un enorme elefante, los relinchidos juguetones de un caballo inquieto y el silencio compañero de un camello apestoso...
La madrugada del 6 de enero siempre fue larga, la noche más noche, la oscuridad más silente, donde el sueño era nulo o poco a pesar del cansancio fingido que se le tenía que imponer al cuerpo contravoluntad. En esas tantas madrugadas de mi niñez era yo un espía, con los sentidos al máximo: la púpila dilatada, vigilante; los ojos en constante movimiento, con escaso parpadeo; los oídos como los de un can, hipersensibles al movimiento de la tierra, la madera que se achica y se ensancha por la temperatura del sol ausente y la luna poniente; mis fosas nasales sentían cada milimetro del escaso vello alojada en ellas, esperando la intromisión de algún olor anormal a la noche callada, y hablar de las formas que tomaba mi piel con cada ruido sería redundante e innecesario...
Entonces cuando mi cuerpo no aguantaba ni un minuto más a estar en posición horizontal, con vueltas pa´lla, vueltas pa´ca, enredadera de marabuntas, me levantaba como si una trompeta militar o como si un chubasco de agua al tiempo me bañaran la cabeza...Corría a la sala, y ya estaban ahí los tan anhelados juguetes...
Lo bueno de la niñez creo son las ilusiones y la imaginación que las genera, y no por esto se vive en el engaño porque eso poco importa...A mi lo que me importaba era recibir regalos, y después el mundo pasaba a segundo plano...poco importaba...
1 comentario:
la noche del 5 de enero era una de las nochas mas largas en todo el año, la mas estresante, la mas inquietante, pero toda esa espera valia la pena ^^
por cierto te conosco¿?
Publicar un comentario