En este mar de herrumbe, de nubes grises que asemejan lluvia limpia, en este pueblo grande de indiferencia y miradas fugaces, de confianzas perdidas, y amistades que jamás existieron, aunque un día hubiesen nacido de las cenizas de la carne fundida la una sobre la otra, extrañarte resulta anómalo, porque el mundo, aquí, corre alreves.
La lluvia quema, el sol es tristeza, el ruido es perenne, tu perfume es cloaca. Aquí, las viejos amores se odian, y en vez de recordar desean olvidar; los malos amores se mantienen en la memoria, no como un trauma, sino como un recuerdo. Los perros cagan dentro de las casas, la muerte es un lagrimero, y los nacimientos no son bendiciones. Aquí, los niños no deben llorar, las niñas siempre son chillonas, las mujeres chismosas, y los hombres pederos; aquí las borracheras se lloran, allá se esperan, y por acá mejor se olvidan.
Aquí no existen los sedientos por el conocimiento, aqui los ávaros no tienen dinero, y los pobres no tienen nobleza. Los medieros ni sufren ni viven ni dejan morir, los burgueses ni sueñan ni dejan soñar. Aquí, la gente no toma agua, la vende. Aquí, el suelo es de alguien, y la tierra de todos. Aquí, un chiste es una ofensa, y los guantes blancos no simbolizan paz, sino grupos de represión paramilitar. Aquí la historia es escrita por asesinos, para legimitar sus maldades, aquí, la historia vale un comino.
Aquí, tuve la suerte de conocerte, pero ahora te desconozco y me desconoces.
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