Hoy desperté entre la niebla, como en un sueño borrascoso, intocable, como la niebla misma. Intente tocarla. Sí, la niebla. No pude, cómo podría. Niebla, sexy teibolera, que te muestras y no te dejas; que tienes nombre de mujer, pero que no dejas ver tus curvas, amor ciego, nube marinera. Además de todo eres fría, no sientes ni dejas sentir, a mis ojos atónitos de tu belleza intangible. Cómo corresponderte, si yo soy carne y hueso a todas horas, a mi cualquiera puede tocarme, te sería infiel a cada momento, sobre todo en el metro. Ah, que celosa te pondrías, tú mi Niebla, vapor de amores, escondite para los enamorados exhibicionistas, que se saben jamás escondidos en la totalidad de tu intimidad de humo.
Hay que subrayar tu cautela, tu tacto suave y sigiloso, la mejor amante, hipnotizante cazadora; súcubo beligerante, nómada de amores. Será que nomás yo te deseo, como a ninguna de mis contrarias. No lo creo. Ni sé tampoco si me quieres, cómo habría de saberlo, si casi ni me buscas, pocas veces te dejas ver, y cuando te veo, por fin, no emites sonido alguno. Hasta el viento es más parlanchín. Pero ya sé, que a ti no te cae bien el viento, porque te espanta, te deshace. ¿Acaso quieres (temes) más al viento que amí? Es natural, lo entiendo, pues yo soy solo carne y huesos, nada más....
No hay comentarios:
Publicar un comentario