Va de nuez.
Puse en los labios de un poeta anónimo las desgracias de las que soy parte y espectador, menos mal que me doy cuenta todavía del círculo vicioso en el que me estoy adentrando, para darle coherencia a mis palabras, para, por medio del anonimato, otorgarles peso, porque me suena mínimo e ínfimo estos 75 kg que traigo puestos. Le agregué a la Nada sentimientos que no expresa ni tampoco teme, le puse vértigo y sabiduría. La modestia creo a Dios, sin duda, al Arte, a la Ciencia. La Modestia es una virgen ociosa, que podríamos tachar de cobarde, pero que se impone y crea Anónimos, Ningunes...Todos...y como creadora se ha vuelto una diosa y sube lentamente por el escalafón del panteón que es ella misma.
No llegue al punto de inventar una breve biografía del personaje víctima de mi cobardía, mejor intenté poner mi idea en versos, ya de nacimiento inconclusos, mutilados, cercenados por la otra idiota que es la Razón, hija bastarda de la Ilustración. La prosa hubiera quedado larga y aburrida, como si no tuviera lugar el mundo (o su memoria) para unos cuantos minutos de comas y puntos y seguidos. Sin embargo, imprescindible me agarre a sus faldas:
"Todos sabemos que un día maldeciré los lugares que pise en compañía de tus pasos, yo sé que mis oídos quedarán condenados por el conjunto de notas que es tu voz, y también sé que mis ojos llorarán rabia de ver tu rostro, ya sea en este plano o en este otro. Yo sé que ya te perdí, desde el momento en que se me ocurrió tenerte. Entonces si ya me perdi, y tu me estas perdiendo, sin ambos saberlo, por qué no nos perdemos juntos ignorando el mal tercio que está haciéndo aquella o él llamados Soledad"
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