viernes, 2 de julio de 2010

A de ayeres

En las explicaciones eternas de tu adios busqué respuestas inmediatas, abofeteaste mi orgullo, desgarraste mi paciencia, sepultaste mi espíritu que hoy yace en tu panteón, secreto en tu corazón, diván de tu memoria, olvido anhelado...Decidí quitarme la máscara de piedra, mostre mi piel llagada de elucubraciones celosas, deje que vieras mi venas supurantes de odio, mi lengua viva, mi palabra terca, mi pensamiento animal, mi desesperación carnal...Vislumbre las sombras de tu luz permanente, recuerdo rojo de amor desigualado, de quejas con justificación tardía, de tristezas ocultas, ojos hechos agua, una vez empapados en lujuria, amargura de soledad construída por los celos de tu amistad vacía...

Basta con restaurar lo significativo, el calor tuyo y mío, el beso suave, tímido, inexperto, las confesiones que sabíamos de antemano, la esperanza, la resignación, amor salvaje, desesperado ante la pérdida inminente que me llevó a mi muerte, y a tu nuevo amor...

No hay comentarios: