No me consta, me dijeron, que una gringa quesque bien bonita andaba rodeada de guerrerenses feos como las aguas malas, que éstos no se veían de varo, ya saben, chanclitas gastadas, camisas decoloradas por el sol y el agua con sal, la mirada viva, atenta, amigable.
--"Como unos seis o cinco"
--¿A poco? Seguro le andaban vendiendo algo
--Quien sabe, no creo, no se veía así
--Ya sabes lo que dicen: verbo mata carita
--Ps sí, pero no creo que sea verbo, más bien es la actitud
Dirijo mi cara hacia el horizonte marino, miro las olas con desdén y cierto temor. A la lejanía, nada más que unas gringas jugando "aver quien se mete más al agua" "to see whats going on, right?". A lo lejos, tu y esta playa virgen, el sol en su ocaso y las nubes rosas, naranjas, rojas, un bonito cuadro de Monet, sin Monet como intermediario.
Visite por último día la playa, cuatro delfines me dan la despedida--o eso quiero creer--el asfalto y las palmeras cuidadosamente acomodadas al azar me quitan la sensación de la costa, el viento levantando el agua con la sal, la arena entre las uñas, mi lento caminar que a su paso deja historia y que se borra con el ir y venir de esas olas que no creen en la historia y que--supongo--miran al humano con cierto desdén.
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