(Nos reclamamos a nosotros mismos, que por que no escribimos banalidades)
Hoy fui tan asesino como cualquier sicario. No titubee, ni lo haria en un futuro. Segun la moral juridica: un asesino es aquel que mata a su semejante, aunque digan que perro no come perro, y que el canivalismo aracnido es de lo mas natural y bello. Al diablo, homicidio!!.
Hoy, por ejemplo, "asesine" a una cucaracha. La pise una vez, no con mucha fuerza, pero la necesaria si, para quitarle el aliento (si es que tienen pulmones o nariz) y que no dejara sus huevecillos en mi zapato, la noquee. Y fue maravilloso. Observe que movia sus asquerosas patitas, movidas por alguna especie de delirio, rogaba con el movimiento de sus patitas, de arriba a abajo, que la matara; al poco tiempo caeria en un largo descanso, no podia permitirselo.
LO QUE VIENE A CONTINUACION NO ES APTO PARA MORALISTAS O VETERIANOS AMANTES DEL MUNDO INSECTO NI TAMPOCO PARA LOS ADEPTOS AL PERIODO CARBONIFERO.
El calor era terrible (exactamente las 3 de la tarde), y el cenit desgastaba el animo hasta del perro mas entusiasta, entonces barri cuidadosamente, amablemente, el cuerpo contuso de la cucaracha (aun viva) y la puse encima del recogedor. Le ofreci un viaje de lujo desde un cuarto (lugar donde ocurrio su tragedia) hasta el patio, su pequeno via crucis, sin caidas por cierto. Le esperaba el azote del sol, la plancha estaba llena de espectadores, todos la miraban con desden, y hasta desprecio. Las lagartijas me pedian a gritos una muerte televisiva, llena de show y mucho drama.
El suelo ardia podia notarse desde arriba. Entonces baje a la cucaracha y la puse a merced del astro. La muerte seria lenta, y no habria sepultura, me reia para mis adentros pensando que al anochecer vendrian las hormigas y se llevarian el cadaver; nada quedaria de ese ser, mas que la anecdota, el recuerdo, o este pequeno e inusual cuento.
(no hay acentos ni egnes porque los gringos omiten estos de sus teclados)
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