domingo, 27 de mayo de 2012

Destinado a la motivación

Tengo la maldición, estoy destinado a escribir toda la literatura que detestó, lo reconozco, soy un especialista en escribir libros de motivación personal. Estos libros no son mi inspiración, ni mucho menos acostumbro a leerlos, son basofia, placebos para el optimista, pero, en fin, se me facilita. Cierto día Sergio Villa me había dicho que necesitaba que escribiera otro de mis libros, "el pasado estuvo de maravilla" me dijo, y tengo que reconocer que así fue porque hoy él es un hombre relativamente rico, mientras que yo, que odio esos pinches libros, sigo ganando una miseria.
Confieso que no acostumbro beber, pero sí que frecuento los bares de la zona, los borrachos me inspiran, mejor dicho, me divierten. Mis vecinos, incluido Sergio Villa, me ven llegar a la siete de la mañana, mientras ellos sacan sus carros para irse a trabajar, yo voy llegando de "beber". ¿Me miraran con recelo? ¿con miedo? ¿con lástima? Quizás esos sentimiento son más bien un reflejo de lo que yo siento cuando los veo salir, bañaditos, cabizbajos, dormidos, hacia sus respectivos trabajos. Son los típicos borrachos que encuentro en las cantinas, aburridos de sus matrimonios, encadenados a su trabajo que les promete cada día un ascenso que va, en relación a su esfuerzo, alejándose cada vez más, alimentados de una esperanza que los transforma en soñadores, esclavos, presidiarios de un sistema que abrazan y temen enfrentar. Dormidos.
Y Villa toca a mi puerta:
--Hola, quisiera saber si nos podemos tomar algo.
Me asome un poco hacia la calle, pensé por un momento levemente fugaz--¿qué tanto es eso?--que Villa estaba al frente de un grupo de fanáticas en monokini.
--Creo que no es buen momento, Villa.
--Pero, ¿cómo dices?--estaba perplejo el cabron, nunca penso que fuera a negarle una copa, para él soy un bohemio--Mi esposa y yo...
--La modelo...
--Sí, ella, bueno queriamos invitarte...--estuve a punto de completar la frase, pero me contuve--a cenar y tomar algo, ahora no está ella, pero mientras podríamos jugar billar; tengo una mesa, sabes, y pues ya que tú...
--Ok--le dije.
Dio media vuelta y se fue.
La esposa de Villa, esa lindura merece un capítulo aparte...

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