A lo largo de la noche las ideas se arremolinan, suspiran por respuestas. Las preguntas entre más complejas mejor, alimentan la curiosidad naciente, aglutinan la mente de pensamientos contrafactuales que toman forma hasta hacerse conscientes, por sí solos, de su importancia: ¿De dónde viene, por ejemplo, el pensamiento de que las cosas cambian inmediatamente pasando el primero de enero? Esta creencia que probablemente tiene su origen en el saneamiento del espíritu, agotado de malas nuevas y sus recorridos por sendas tortuosas, pedregales donde se estrellan y desahacen las mismas ilusiones; o quizás tenga su origen en la misma ignorancia, o en el conocimiento, ya perdido, de alguna especie de procedimiento mágico que, a base de conjuros y oraciones en lenguajes, de nuevo ya perdidos, tuvieron la facultad de en verdad cambiar la realidad exactamente en el momento en que la tierra cruzara de nuevo por el nodo solar.
Resquicio de este conocimiento mágico lo podemos buscar (que todavia no encontrar) en las practicas, que algunos reconocen como insulsas o patéticas, que muchos practican en las horas cruciales en las cuales se cree que la Tierra ha dado la vuelta completa al Astro rey, tales como barrer la casa, ponerse ropa interior de cierto color, salir con equipaje (el cual siempre ha existido desde que el hombre es hombre, o nómada, que no las maletas), o aquella de poner un borrego en la puerta para atraer la fortuna. Desde luego, el capitalismo, la usura desmedida y agobiante, se ha apoderado de estas tradiciones (o costumbres, concepto que hace que éstas pierdan sus valores legendarios) para convertirlas en un negocio; luego entonces, pienso (luego existo): ¿Tendrán estas tradiciones magia en sus remotos orígenes, o serán un invento del capitalismo, origen que todos han olvidado por conveniencia? Pensar los términos marxistas desde luego no son la única salida, pensemos en la magia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario